La materia y la forma

Los filósofos han venido notando, desde hace tiempo, que a las cosas les pasa algo muy raro. Imaginaos, por ejemplo, una mesa. De un lado, la mesa parece un objeto material, que ocupa un espacio, y que como todo lo material se puede dividir en partes; además, todas las partes de la mesa (sus átomos y partículas elementales) están moviéndose constantemente, por lo que la mesa entera está sujeta al tiempo (cambia, envejece cada día, etc.)… Ahora bien: si la mesa cambia toda ella a cada instante: ¿Cómo es que la reconocemos, de un instante a otro, como la “misma” mesa? ¿Raro, no? Además, siempre la captamos como “una” mesa, como un “todo”, pese a que, si todo en ella fuera material, no tendría unidad ninguna, pues en ese caso la mesa no sería más que un conjunto de partes separables una y otra vez en otras partes. Para más confusión, resulta que, aun siendo un objeto espacial, la mesa sigue siendo ella misma aunque la cambiemos de sitio (como si el espacio no la afectara del tod...